Plan disfrutón en Urdaibai: gastronomía, rutas y cultura

Hoy os dejamos un post súper completo con nuestra última ruta por Urdaibai, en un finde de puente de estos que en otoño abundan.

Hace algunas semanas, la familia de Sara avisó de que estuviéramos preparadas, que venían desde Cataluña a conocer Urdaibai a fondo. Venían a ver naturaleza, pero también a disfrutar con la cultura y la comida, porque si de algo tiene fama Euskadi es de lo bien que se come. Y nosotras queríamos enseñarles lo máximo posible ¡en 3 días! Así que aquí os dejamos este plan familiar perfecto para cualquier época del año, incluyendo incluso opciones para un día de lluvia. ¿Preparados?

Les buscamos alojamiento en el Angiz Ecohotel, en Busturia. Nos encanta porque, aunque esté un poco alejado de pueblos grandes como Bermeo o Gernika, está a pocos minutos en coche y la tranquilidad que se respira allí es inigualable. Como detalle, tienen habitaciones dobles, familiares e incluso apartamentos de dos habitaciones (con cocina). Son majísimos, admiten perros y el desayuno, según nos dijeron, es completito y está riquísimo.

Día 1: vistas, menestra y playas

Nos ponemos las zapatillas de monte porque nos vamos a la zona este de la Reserva, en concreto a nuestro querido San Pedro Atxarre. Normalmente subimos por Akorda porque es un buen sitio para dejar el coche y la subida es más fácil. Son alrededor de 2km que se hacen bastante llevaderos hasta la parte final, donde se empina un poquito, pero nada grave.

Antes de subir, os recomendamos que seáis previsores y reservéis la comida, sobre todo si venís en fin de semana o puente. Nosotras llevamos un tiempo intentado comer en el mismo Akorda, pero nunca pillamos sitio (no somos tan previsoras como deberíamos).

Subida al mirador de Urdaibai

 

Os encontraréis un camino precioso entre árboles, con terreno irregular, por lo que es conveniente llevar zapatillas adecuadas. No será la primera vez que oímos que “el suelo resbala” a personas que han subido con zapatillas de suela lisa. Las vistas al llegar… impresionantes, pero no os lo contaremos mejor que en este post que escribimos específicamente sobre Atxarre (también os indicamos cómo llegar). Un aviso importante: no hay papeleras, por lo que no seáis guarros y recoged la basura que podáis generar, los plásticos o papeles se quedan allí o incluso pueden llegar a la ría o al mar.

Aboitiz: mesa puesta en casa de Lourdes

 

Bajamos alegremente porque ya empezaba a rugir la barriga. En nuestro caso,  tuvimos que buscar alternativa a comer en Akorda, pero teníamos un as ganador en la manga: el restaurante Aboitiz. Una visita a Lourdes siempre es una buena idea. Llegamos y, como siempre, el protocolo se repitió: la comida fue saliendo sin que tuviéramos que pedir nada, y es que en este restaurante no se elige, sino que los platos van saliendo, aunque nunca pueden faltar las alubias y su famosísima menestra.

Tendríais que haber visto la cara de nuestra familia cuando empezaron a llegar los platos “ah, pero ¿todo es para nosotros?”. No os asustéis y no tengáis vergüenza, lo que está en la mesa es para que lo terminéis sin remordimientos. Comida casera con productos de la zona y el ingrediente especial del cariño que le ponen en esta casa. Salimos con la barriga bien llena y, después de echar un vistazo a la iglesia de Santa María, con su bonito pórtico y las vistas al monte, pusimos rumbo al siguiente destino.

Las playas más famosas de La Reserva

 

Nada mejor para bajar la comida (y creednos, estaréis a reventar), que dar un buen paseo por la arena. Las playas más grandes y conocidas están en Ibarrangelu, y a parte del paso, os podéis tomar un café o incluso alargar el día y, después de que se ponga el sol, picar algo. Nosotros nos fuimos directos a descansar, porque el sábado venía fuerte.

 

Día 2: biodiversidad, txakoli y escaleras

No guardéis todavía las zapatillas porque hoy también toca caminar. Aunque el look puede ser menos montañero, los pies tienen que ser capaces de bajar caminos ¡y subir escaleras!

Hay que reconocer que este día nos pasamos un poco porque lo atiborramos de actividades, pero era tan poco tiempo y tanto para ver…

Ekoetxea, un paseo por la biodiversidad

Desde el mismo alojamiento, Ekoetxea (también conocida aquí como Torre Madariaga) está a pocos minutos a pie. Estuvimos haciendo una visita por la exposición permanente sobre la Reserva de la Biosfera, donde se explica qué es una Reserva, cómo se gestiona, su patrimonio natural y cultural, los animales y plantas que viven en esta zona, etc. No nos dio tiempo a bajar a ver las marismas, pero hubiera sido el pack perfecto.

Amunategi, charlas entre viñedos

 

No nos podíamos entretener mucho porque a la 13:00 habíamos quedado con Antón Aranburu en Bodega Amunategi. La verdad es que en ese pequeño terreno el tiempo se para y la vida se vuelve mucho más calmada. Como siempre, Antón nos contó mil cosas interesantes sobre la Reserva y sobre su importancia. Esto nos encanta porque hace que cualquiera se sienta parte de este sitio y lo acabe queriendo tanto como los que vivimos aquí. También, por supuesto, nos habló del Txakoli, de la historia de su familia y de los viñedos. Luego pasamos a su bodega y nos estuvo contando cómo se hacía este vino tan característico. Era muy buen momento porque acababan de vendimiar justo el día anterior.

Nos explicó que tenía ya el mosto y que muy pronto lo enviaría a analizar y podría empezar el proceso. Y para terminar, nos sacó en una mesita al sol un platito de bonito con cebolla y nos dio a probar su vino. No sabemos porqué pero en la bodega el vino tiene un no sé qué que hace que esté todavía más rico. Sol, txakoli, bonito, naturaleza, paz… Nuestra familia se llevó varias botellas y, aunque el cuerpo no se quería mover de allí, ya nos estaba esperando el próximo destino: llenar la barriga.

Cannon, gastronomía con vistas

 

Reservamos mesa en el Cannon el día anterior y menos mal, porque estaba llenito. No había menú de fin de semana, pero la carta era de no saber qué elegir. Aunque el chuletón les tentó bastante a algunos, acabamos pidiendo una ensalada para compartir y un segundo plato para cada uno. A parte de las chuletillas de cordero y el cabracio, nos llamó mucho la atención el bacalao 3 sabores, que estaba acompañado de tres salsas: pilpil, bizkaia y tinta de chipirón; ¡riquísimo!

San Juan de Gaztelugatxe, la visita obligatoria

 

Y después de un café y una sobremesa cortita, nos fuimos al imprescindible de los imprescindibles: San Juan de Gaztelugatxe.

No acostumbramos a hablar mucho de él por dos motivos: el primero es que no se encuentra estrictamente dentro de la Reserva de la biosfera de Urdaibai, aunque por la historia y el fuerte vínculo que tiene con Bermeo, nosotras lo consideramos parte importante de la cultura de nuestro pueblo. El otro motivo es que no necesita demasiada publicidad, porque precisamente está demasiado visitado. En este post tenéis más información.

Dejemos por un momento a un lado la espectacularidad de San Juan y vayamos a lo práctico. Si venís en fines de semana o verano, llamad para reservar la entrada. De lo contrario llegaréis y os encontraréis una larga cola para intentar entrar. Desde que este lugar se hizo tan famoso, ha habido que organizar un poco la llegada de los turistas para que se pueda disfrutar de él con un mínimo de espacio y no parezca esto El Corte Inglés el primer día de rebajas. Lo podéis hacer a través de la web de la Diputación. Es gratis, solo tenéis que completar los datos y os enviarán un ticket de entrada (puede enseñarse con el móvil, no es necesario imprimir) que os pedirán al llegar allí.

De nuevo, no seáis domingueros y llevad calzado adecuado. Tened en cuenta que, aunque no es una ruta muy larga, tiene bastante pendiente y, sobre todo a la vuelta, se hace a veces duro para alguien que no esté acostumbrado. Hay fuente justo a los pies de las escaleras, antes de empezar. Llenad la botella porque arriba os hará falta reponer fuerzas. 

Y para rematar la tarde, al volver, hicimos una parada en faro Matxitxako para ver la puesta de sol, una de nuestras favoritas. 

Un picoteo en primera línea

 

Como el día ya había sido bastante duro, nuestra opción fue dejarnos caer en una silla en el puerto de Bermeo. Elegimos el bar Kai Alde, donde Cari y su familia dan una raciones perfectas para acompañar al paisaje: chipirones encebollados, jamoncito, croquetas, ensaladas… el final perfecto para un día inolvidable.

Día 3: cultura y una alternativa para días de lluvia

Nos hizo bueno todo el puente por lo que nos merecíamos un poquito de lluvia, al menos para que no parezca que normalmente nos quejamos de vicio. Tiramos de nuestros planes que hacer cuando llueve y nos decidimos por visitar Gernika.

Casa de Juntas, donde Bizkaia decide

 

Aparcamos, nos colocamos los chubasqueros y nos fuimos corriendo a la Casa de Juntas. Fue una buena oportunidad para poder conversar sobre los fueros, cómo se gobiernan los distintos territorios y pasear por un espacio en el que se palpa la historia. También nos asomamos a ver el famoso árbol de Gernika y a su antecesor, justo en frente. Ya hicimos una visita a este lugar anteriormente, echadle un vistazo si queréis conocer un poco más.

Museo de la Paz, para remover conciencias

 

Y como todavía era pronto para ir a comer, nos echamos una carrera (llovía a mares) para llegar a la plaza de Los Fueros, allí está este pequeño gran museo. Nosotras estuvimos por primera vez dos semanas antes (tenéis aquí el post), así que teníamos la experiencia muy reciente y fue muy bonito ver cómo iban pasando por el mismo proceso que vivimos nosotras: aprender sobre la paz, indignarte por la terrible historia y llegar al momento de que el concepto “reconciliación” te rompa los esquemas. Les encantó, hasta el punto de que cuando días después hablamos por teléfono es lo primero que mencionaron; ni comida, ni vistas de escándalo… el Museo de la Paz fue su favorito. 

Ir de pintxos no puede faltar

 

Como tocaba coger el coche de vuelta y tampoco es plan de llenarse a lo loco (que luego el sueño viene de visita…) nos fuimos de pintxos. Una de las mejores calles para hacerlo en Gernika es la calle Picasso, aunque tenéis buenas opciones por todo el pueblo. Probad cosas típicas de aquí como las gildas, el bacalao, las tortillas de mil sabores, los pimientos rellenos, los pintxos de txaka, etc.

Y hasta aquí un planazo de puente en Urdaibai en el que seguramente, como nos pasó a nosotros, os dé la sensación de que os quedáis con ganas de más y con mil cosas por ver. No es ningún problema, siempre hay que tener una excusa para volver 🙂

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